Cáncer y las ondas electromagnéticas

Si conduces no hables por el móvil porque te va a dar cáncer.

Eso es lo que debía de pensar David Reynard, cuando apareció en el show de Larry King (Larry King Live) allá por 1993 cuando demandó a NEC America Corp. porque su mujer había contraído un cáncer cerebral. Además en el lado izquierdo, justo por donde hablaba por teléfono.

La noticia corrió como la pólvora gracias a los medios de desinformación, aunque todavía quedaba recorrido para seguir generando bulos en años venideros, como por ejemplo los que cocinaban un huevo con la radiación de dos móviles, lo cual se demostró falso:

Ya en la era de Internet apareció un vídeo (con sus posteriores réplicas) en el que unos amigos hacían palomitas de maíz con cuatro móviles. Para conseguir esto usaron un magnetrón escondido bajo la mesa para calentar el maíz, pero la semilla del miedo ya estaba sembrada.

Un poco antes de la generalización de Internet, pero en pleno boom del despliegue móvil (allá por 2001) saltó a primera línea el caso del Colegio García Quintana de Valladolid, en el que se señaló a las antenas de móviles como culpables de los 5 casos de cáncer que aparecieron en dos años sin demostrar absolutamente nada.

Cuando un cáncer afecta a niños, la situación se complica bastante porque entran a jugar los miedos de los padres, tanto de los afectados, como del resto de padres que llevan a sus hijos al colegio, lo cual es perfectamente comprensible, y no porque sea o deje de ser culpa de las antenas sino porque sus hijos son su responsabilidad.

Pero con lo que me quedo de las noticias del colegio (a parte de que es imposible demostrar que algo no provoca algo), fue una foto de un diario (no recuerdo cual y el histórico de Internet no da para tanto) en la que salía uno de los padres tras una pancarta exigiendo que quitaran las antenas móviles, cigarrillo en mano y hablando por el móvil. Yo eché en falta un texto a pie de foto del estilo: ¿coherencia? ¿para qué?.

A pesar de todo, el miedo a las ondas electromagnéticas no empezó con los móviles, aunque hay que reconocer que son los que más juego han dado, aunque últimamente el WiFi le está haciendo bastante sombra. Para llegar al inicio de los miedos nos tenemos que remontar bastante hasta llegar a los hornos microondas.

Fue en 1947, tras el descubrimiento de los efectos de las microondas de Percy Spencer, cuando salió a la venta el primer horno microondas. Como solo suele ocurrir en los comienzos, el horno era grande, caro e ineficiente, pero tras numerosas mejoras, en 1975 las ventas de hornos microondas superaron a las estufas de gas.

Un año después, en plena guerra fría, surgió una leyenda negra que dice que la URSS prohibió los hornos microondas. Pero este hecho no es cierto, simplemente los hornos microondas no estaban disponibles en la URSS debido a razones puramente económicas debido al blindaje comercial existente, pero los teóricos de las conspiraciones con los años lo han acabado moldeando a su gusto.

Otro argumento bastante sonado fue el caso de Norma Levitt en Oklahoma en 1991 [1]. La mujer fue operada de cadera y se le hizo una transfusión de sangre. La mala suerte hizo que se muriera de un coágulo, pero debido a que dicha sangre fue calentada en un microondas, los activistas anti-microondas consiguieron abrir un nuevo y jugoso frente para su particular lucha.

De hecho, se caliente como se caliente la sangre, hay que hacerlo con cuidado para evitar una hemólisis, independientemente de los instrumentos que se utilicen. El problema de calentarlo usando un microondas es que el control de la temperatura es muy difícil porque calientan muy rápido y un mínimo cambio en la cantidad a calentar puede suponer un cambio sustancial en la temperatura final [2]. Esta es la verdadera razón por la que no es recomendable calentarlo en un microondas, no porque de una manera mágica aparezcan sustancias malignas desconocidas en la sangre.

Para terminar sólo queda el bulo en el que no sólo los alimentos se vuelven cancerígenos al cocinarse en el microondas, sino que el propio microondas tiene fugas porque un móvil dentro del mismo no pierde la cobertura. Pues bien, esto es falso, porque los hornos microondas aíslan su frecuencia de funcionamiento, no las frecuencias móviles.

Conclusiones

Las microondas no son buenas o malas, son simplemente microondas. Un horno calienta los alimentos debido a que tienen agua y el agua se polariza fácilmente, calentando sus moléculas debido a la fricción de las mismas. Igual que cuando tenemos frío y nos frotamos las manos, pero a una escala atómica. Es decir, lo peor que nos puede pasar es que nos quememos de la misma forma que si metemos la mano en una cazuela con agua hirviendo.

Los razonamientos catastrofistas al respecto, no difieren demasiado de por ejemplo el uso de la homeopatía, que se basa en la no demostración de que algo no funciona.

El capítulo 151 de los Simpsons se describe esta situación a la perfección:

Homer: ¡Patrulla antiosos! Ahhh ni un solo oso a la vista, la patrulla antiosos funciona de maravilla.
Lisa: Eso es autocomplacencia papá.
Homer: Gracias nena.
Lisa: Según tu lógica puedo alejar tigres con esta piedra.
Homer: Ahhh ¿y cómo funciona?
Lisa: No funciona.
Homer: Aham.
Lisa: Es una piedra inútil.
Homer: Aham.
Lisa: Pero no veo ningún tigre por aquí, ¿y tú?.
Homer: Lisa, quiero comprarte la piedra.

 

Referencias:

[1] http://wyomcases.courts.state.wy.us/applications/oscn/DeliverDocument.asp?citeID=4387

[2] Dr. Joe’s Health Lab: 164 Amazing Insights into the Science of Medicine, …

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